Trajica Muerte de una Loba

TRÁGICA MUERTE DE UNA LOBA

De noviembre el veintiuno

figurará en los anales

porque mataron al lobo

los vecinos de Canales.

 

A correrlo salen todos

con cayadas y escopetas

dispuestos a darle caza

al ladrón de las ovejas

 

No faltaba el alguacil

ni tampoco el presidente

que levantaron el acto

como testigos videntes.

 

Con un sombrero de fieltro

Vasco formaba en la espera

donde encontramos a Jandro

con su gorra de visera

 

El caporal de Marcelo

estaba cerca de Goyo

con la escopeta de veinte

a la sombra de un serovo.

 

Hasta los barrios vino

Don Recas el forestal

a poner cuerpo de guardia

en el Valle el Regueral

 

y Tomasín y la Timba

formaban parte en la espera

mientras Marchena y el Moro

daban voces en la arrea

 

Otro personaje ilustre

era Luis con el sombrero

que llevó para casarse

Don Tris-Tras el pellejero.

Empezaron en las lurias

siguieron por el abesedo

y al fin mataron la loba

cumpliendo su buen deseo

 

Las castañuelas de Modesto

tocaban con gran afán

mientras la arrea seguía

camino del Regueral

 

A la vista de Tacones

la fiera se presento

y ligero como un rayo

dos disparos le encajó.

 

El primero fue un saludo

y el segundo fue de verás

porque la fiera midió

de costillas la ladera

 

Pero herida y no de muerte

con trabajo se incorporaba

y se trata de escapar

esa condenada loba

 

De esta forma rematada

escachó el último suspiro

dejando en el testamento

esto que aquí escribo

 

En doce duros tasada

la carne a Ramos le dejó

y que salgan por los pueblos

a pedir con mi pellejo.

 

Al presidente le dejo

los dientes y los colmillos

para que de vez en cuando

los enseñe a los vecinos

El alguacil Amador

le dejo mi hermoso rabo

para que le quite el polvo

a los libros del juzgado

 

A Don Felipe y Tacones

que fueron mis asesinos

la borrachera que cojan,

que les dure mil siglos.

 

A los ilustres vecinos

del pueblo de Formigones

los tenemos que decir

que no sean meticones

 

Y que sirva de consejo

a los de Villaquilambre

que se fueron a meter

conde no les llamo nadie

 

No os extrañe amiguitos

que matéis a dos zorros

gracias a quien os los puso

delante de vuestros ojos.

 

Y pensando en el autor

no me juzguéis con engaño

en cualquier parte del mundo

me llaman Quico Viñayo.